Julio 17, 2008...7:06 pm

También es vivir

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Ayer viví uno de mis pocos “días negros” desde que utilizo el servicio de la RENFE.  Era media tarde cuando desde la megafonía del tren se nos anunció que por un arrollamiento quedaba suspendido temporalmente el servicio en la línea C-1 de Cercanías de Barcelona.  Los usuarios estuvimos informados del percance desde el primer minuto, incluso antes de sospechar de que algo ocurría.  Se estaba a la espera de la orden de los Mossos d’Esquadra para poder restablecer el servicio, pero la cosa se alargaba y, después de momentos de confusión, habituales en estos casos, se puso una flota de autocares al servicios de RENFE con el objetivo de cubrir los trayectos entre los municipios afectados por el accidente.  Hasta aquí una breve descripción de la situación que, en mi caso particular, supuso un largo tiempo de esperas, trayectos y lentitud de más de tres horas.  Ahora viene lo bueno de la “aventura”, ya que toda aventura, organizada o desorganizada, tiene sus anécdotas y curiosidades.  Entre conversaciones y actitudes, me quedo con las positivas, aunque también quiero dar a conocer las negativas.  Empiezo primero por algunas de negativas. 1) Megafonía de RENFE: “Señores viajeros, por un arrollamiento en Premià de Mar, queda interrumpida temporalmente la circulación de trenes de la línea C-1. Disculpen las molestias.” Una respuesta espontánea: “Mierda de RENFE.”   Y yo digo: ¿M… de RENFE?  2)  “¡Se podría haber  tirado a las diez de la noche!”  3)  “¿Pero han ido a buscar a los jueces a la otra punta del país?”  4) Una señora me pregunta: joven, ¿han dicho la edad del muerto? 5) Otro: “¡Pero si que tardan en levantar el cadáver!”  Sin comentarios.  Lo positivo, y con lo que me quedo.  Tuve conversaciones fructíferas con personas que en otras circunstancias ni nos hubiéramos conocido: con una chica que acabó regalándome su periódico La Vanguardia, ¡que ya se había leído tres veces!; con un señor mayor con el que hablé de RENFE, de política y del mundo;  con dos hermanos que incluso me propusieron acompañarles en coche hasta Vilassar de Mar, ya que en el municipio de Masnou les esperaba un familiar con su coche. Se lo agradecí mucho, pero yo me dirigía a Caldes d’Estrac.  Se vivieron momentos de tensión, nerviosismo, confusión, pero lo importante era vivir los momentos, aprovecharlos dentro de lo que nos permitía la situación extraordinaria.   No puedes hacer nada, solamente seguir viviendo. Y precisamente al ser una situación extraordinaria, observé muchas concretas situaciones individuales, miré con lupa mí alrededor.  Aquello significó una aventura de la cual también se puede aprender.  Conversé, intercambié opiniones, analicé indignaciones,  miré,  viví el caos consecuencia de un dramático accidente. Al fin y al cabo, VIVÍ, aunque vivir signifique también estar más de tres horas de trayecto entre Barcelona y mi casa.  VIVÍ, vivimos, cosa que no puede decir la persona arrollada por el tren.

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